SAL MARINA, PISCINAS Y SALUD

 

La sal común o cloruro sódico es la principal materia prima para la fabricación de cloro mediante procedimientos electrolíticos. El cloro se utiliza en todo el mundo como agente desinfectante de aguas, entre ellas las de las piscinas. Por lo tanto, existe un método, llamado cloración salina, trata de fabricar, en la propia piscina y de forma natural, el cloro necesario para la desinfección a partir de una solución salina de agua. Por eso, la sal marina se utiliza como alternativa a los productos clorados en el mantenimiento de piscinas de agua dulce.

Piscina de Jameos del Agua diseñada por el artista

lanzaroteño César Manrique.

La cloración salina es una simple reacción de electrólisis a partir del agua de la piscina con una ligera concentración de sal marina, aproximadamente 5 gramos por litro. Esta cantidad de sal es prácticamente imperceptible por el bañista (el agua de mar es 6 veces superior).
Gracias a este sistema se consigue un ahorro de tiempo y mano de obra, automatizando sustancialmente el proceso, un ahorro económico eliminando los productos de cloro, y un aumento de seguridad de los trabajadores y usuarios de la piscina al evitar la manipulación de productos químicos.
El efecto más importante de la cloración salina es que se consigue una desinfección más eficiente del agua de las piscinas gracias a la acción combinada del cloro y los otros agentes que se generan durante la electrolisis (oxígeno y ozono), así como la propia oxidación sobre los electrodos de la materia orgánica presente en el agua, evitando la formación de algas y bacterias. La higiene de un sistema de electrólisis salina es mucho mayor que el de un sistema de cloración convencional.
La consecuencia de todo ello es que el agua de la piscina es más sana, ya que desde antiguo es conocido que las aguas salobres son antisépticos y se usan sobre todo para el tratamiento de enfermedades en ojos, piel y nariz. Desaparecen, por otro lado, las irritaciones en piel y ojos tan comunes entre los bañistas que recurren a piscinas cloradas por métodos químicos. Tampoco debe desdeñarse que el agua salada proporciona un bronceado más bello y natural porque contiene yodo entre sus propiedades, protege el cabello y no destiñe los trajes de baño. Por si fuera poco, se elimina el olor y sabor tradicional del cloro.

La sal marina se utiliza
como alternativa a los
productos clorados
en el mantenimiento de
piscinas de agua dulce

El mantenimiento de piscinas utilizando sal marina para producir cloro logra mejores sensaciones entre los usuarios. El cuerpo humano está formado por agua salada, por lo que cuanto más próxima está la concentración de sal en el agua de la piscina a la concentración de sal en nuestro cuerpo, mayor es el confort que aporta el agua. Además, la presencia de sal en el agua evita la formación de arrugas.
 
VENTAJAS DE LA SAL MARINA FRENTE AL CLORO

 

La utilización de sal marina para la producción natural de cloro en piscinas de agua dulce es más segura que recurrir a los productos químicos, ya que se evitan los riesgos del transporte, manipulación y dosificación del cloro, un compuesto de alta toxicidad. Los sistemas de electrolisis salina no necesitan almacenar, manipular ni dosificar ningún compuesto químico. Esto elimina el ambiente corrosivo típico de las salas de depuradoras.

 

Por otra parte, este sistema natural respeta el medio ambiente, ya que el tratamiento del agua por electrólisis salina mantiene el agua en un proceso cerrado y permanente, permitiendo conservarla durante varios años, reduciendo el vertido de agua a la red pública y la creación de bacterias en estado de descomposición durante el invierno. Ello es de gran ayuda para preservar el medio ambiente y ahorrar en el consumo de agua.

 

La electrolisis salina también genera beneficios en el bolsillo de los propietarios de piscinas, ya que se ahorra en la compra de productos químicos, el agua se renueva al cabo de varios años, por lo que se reduce el coste de llenar la piscina.

Por último, este método natural, que emula el agua de mar, ahorra en trabajos de mantenimiento porque solo se deben limpiar los electrodos para asegurar un correcto funcionamiento del equipo, existiendo en el mercado sistemas que se limpian solos. Se deben cambiar cada dos años, para un uso de cuatro horas diarias. Este método se viene utilizando en Australia desde hace 30 años, donde el 95% de las piscinas usan este sistema.