LANZAROTE

 

La isla de Lanzarote se extiende por una superficie de poco más de 800 km². La distancia de norte a sur es inferior los 60 kilómetros y es una isla llana, mientras que su altura máxima no alcanza los 700 metros sobre el nivel del mar.

Lanzarote desde el espacio.

Lo que más llama la atención de Lanzarote es su aspecto volcánico; de ahí que sea conocida como "Isla de los Volcanes". Gran parte de su fisonomía está afectada por las erupciones históricas acaecidas en los siglos XVIII y XIX, y que se extienden por la cuarta parte del territorio insular.
Los antiguos griegos tenían conocimiento de la existencia de las Islas Canarias, a las que denominaban Hespérides. Recientes hallazgos arqueológicos confirman la presencia del Imperio Romano en el Archipiélago canario, evidenciando que era una encrucijada de pueblos y culturas mucho antes de su conquista por el Reino de Castilla, acaecida en el siglo XV. Los antiguos pobladores vivían en la edad de piedra al iniciarse la conquista de Canarias.
A pesar de encontrarse a poco más de 100 kilómetros del continente africano, la isla goza de un clima benigno que se mantiene uniforme casi todo el año. Las temperaturas medias oscilan entre los 17º Centígrados en los meses de enero y febrero y los 23º Centígrados en el resto del año.
El gran atractivo de Lanzarote es su paisaje. Éste se debe a la acción de los volcanes, de una parte, y a la intervención de los agricultores, de otra, y que ha sido tradicionalmente respetuosa con el entorno. La actividad agrícola convive junto a las coladas volcánicas recientes, en unos terrenos de cultivos que aprovechan al máximo las especiales condiciones climáticas de la isla.
Las escasas lluvias obligaron al agricultor a agudizar el ingenio para poder obtener de la tierra lo necesario para subsistir en un medio hostil y adverso. El labrador se alió con la propia adversidad utilizando la misma ceniza volcánica para aumentar el rendimiento de los cultivos, al emplearla como un manto que permite el paso de la humedad durante la noche e impidiendo, durante el día, que el agua se evapore por la acción del sol.

Apenas llueve en Lanzarote.
Las escasas lluvias se producen
en invierno, con una media anual
de unos 150 litros por metro cuadrado.
Debido a la escasez de lluvias, el agua
potable se obtiene mediante la
desalación de agua del mar.

La viticultura constituye un espectáculo paisajístico que alcanza su máxima expresión en la comarca de La Geria. Hubo que cavar hoyos en la ceniza volcánica hasta dar con la tierra vegetal, protegiendo las vides del viento mediante pequeños muros semicirculares de piedra. Los vinos de Lanzarote disfrutan desde hace siglos de inquebrantables adhesiones. Carlos III, Walter Scott, Goldoni o Shakespeare elogiaron sus virtudes. Los vinos blancos son de excelente paladar, brillantes y con finos e intensos aromas, muy especialmente los elaborados con la variedad de uva denominada ‘malvasía’.
La isla de Lanzarote se divide en siete municipios: Arrecife, Haría, San Bartolomé, Teguise, Tías, Tinajo y Yaiza. La población de derecho ascendía a 142.000 habitantes, según datos de 2009. La mitad de ellos residen en la ciudad de Arrecife, capital de la isla. El turismo es la principal actividad económica de Lanzarote. Recibe cada año casi dos millones de visitantes que se alojan en alguna de las más de 60.000 plazas alojativas existentes.
Las especiales características medioambientales de Lanzarote y el aprovechamiento sostenible de sus recursos naturales, propiciaron su declaración como Reserva de la Biosfera en el año 1993. Las Reservas de Biosfera son declaradas por la UNESCO. Con ellas se distingue a aquellos territorios donde existen ecosistemas representativos, en los que se dan las condiciones que permitan un desarrollo económico sostenido, y un uso del territorio compatible con la conservación de sus recursos naturales.
La isla está estrechamente vinculada al artista César Manrique. Éste impulsó una peculiar forma de entender las intervenciones humanas sobre el territorio, desde el respeto a la naturaleza y la salvaguarda de los valores tradicionales del paisaje. Combinando arte y naturaleza, el quehacer de Manrique marcó una filosofía que ha permitido que la isla haya preservado una parte significativa de su esencia.

"Siempre me ha impresionado la visión de una salina. Las de Lanzarote me han llamado la atención por su lineal belleza y por su cegador colorido... Toda la planta se enmarca en las coordenadas compositivas de Mondrian.”
César Manrique
Prólogo de "El Jardín de la Sal"